Camino por los pasillos de la Universidad, veo estudiantes hablando de sus cosas, jugando fútbol, comiendo, pasando la vida o viéndola pasar frente a sus ojos. Me pregunto qué pensarán, qué sentirán, cuales serán sus anhelos… mientras tanto, veo en las noticias muertes, corrupción y dolor de un país que se sigue desangrando y que de una forma que no termino de comprender, sigue sobreviviendo.
Son jóvenes, mentes llenas de energía, de creatividad, quizá de esperanzas, no sé. Pero lamento encontrarme con que a pesar del tiempo siguen allí, sentados en cafeterías, jugando cartas, perdidos en la televisión o la red, muchas veces sumergiendo el futuro del país en el licor o la droga, ese monstruo de tres cabezas que todos intentan ignorar.
Dicen que ellos son el futuro y si lo son, pues quienes lo dicen poco se preocupan por formar íntegramente ese futuro, poco los orientan o por lo menos los comprenden, para rescatar en ellos todas esas propuestas de cambio y todas esas nuevas formas de ver el mundo que en los jóvenes habitan.
Hay quienes pensamos que ellos son el presente y ahí la situación se torna más tensa, más compleja, por que en realidad, en sociedades como la nuestra, parece ser que el presente lo escriben otros, lo determinan otros, les pertenece a otros; porque lo jóvenes, los del pasillo, los que ven la tele o los que participan en movimientos sociales, no son escuchados, son invisibilizados, son negados, son estigmatizados…
A pesar de aquellos otros que determinan, escriben y ostentan el presente como propio, los jóvenes siguen siendo multitudes que incluso desde su invisibilidad construyen, cambian y propician otras formas de entendernos, de sobrevivir y de vivir.
Jóvenes líderes, jóvenes creadores, jóvenes gestores, jóvenes que piensan su país, jóvenes que necesitan oportunidades y que a la vez las crean, jóvenes que en silencio transitan el mundo, no porque no tengan que decir sino porque nos hemos negado a escucharlos.
Son jóvenes, mentes llenas de energía, de creatividad, quizá de esperanzas, no sé. Pero lamento encontrarme con que a pesar del tiempo siguen allí, sentados en cafeterías, jugando cartas, perdidos en la televisión o la red, muchas veces sumergiendo el futuro del país en el licor o la droga, ese monstruo de tres cabezas que todos intentan ignorar.
Dicen que ellos son el futuro y si lo son, pues quienes lo dicen poco se preocupan por formar íntegramente ese futuro, poco los orientan o por lo menos los comprenden, para rescatar en ellos todas esas propuestas de cambio y todas esas nuevas formas de ver el mundo que en los jóvenes habitan.
Hay quienes pensamos que ellos son el presente y ahí la situación se torna más tensa, más compleja, por que en realidad, en sociedades como la nuestra, parece ser que el presente lo escriben otros, lo determinan otros, les pertenece a otros; porque lo jóvenes, los del pasillo, los que ven la tele o los que participan en movimientos sociales, no son escuchados, son invisibilizados, son negados, son estigmatizados…
A pesar de aquellos otros que determinan, escriben y ostentan el presente como propio, los jóvenes siguen siendo multitudes que incluso desde su invisibilidad construyen, cambian y propician otras formas de entendernos, de sobrevivir y de vivir.
Jóvenes líderes, jóvenes creadores, jóvenes gestores, jóvenes que piensan su país, jóvenes que necesitan oportunidades y que a la vez las crean, jóvenes que en silencio transitan el mundo, no porque no tengan que decir sino porque nos hemos negado a escucharlos.
3 comentarios:
jóvenes desencantados más no confundidos,jóvenes conscientes de la podredumbre que gobierna el mundo, jóvenes tomando distancia, huyendo desenfrenadamente para poder abrazar el principio fantasía.
Pero también apáticos, sumidos en las pobres ilusiones de la postmodernidad, desarraigado y pensando en migrar a otros mundos que confunden sus sueños...
Jóvenes que se aglutinan a construir sueños y derrocar normas, de todo!!!
y es eso, Carlos y Boris, lo que los constituye como multitudes, más allá de una apreciación numérica, son multitudes por lo diverso, por los contrastes y diferencias que en ellos se evidencian, por lo poco uniforme de sus formas de pensar y de actuar...
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